
Cuando pensé que por fin me ahogaría en esta densa marea púrpura, divisé algo parecido a un roquerío. Estaba lejos, pero no era mar. No era morir, era vivir.
Mis piernas pesaban, mis manos dolian, y mi boca era sal pura, mi cabeza latía mas fuerte que mi corazón y aun tenía mucho miedo, pero al menos estaba ese roquerío que lograba verlo cuando las olas me levantaban, estaba ahí, tal vez a solo un par de kilometros de distancia.
Tomé la determinación de que nadaría, pues llevaba horas, quizás días simplemente flotando, asi que me dispuse a patalear con mis pies que estaban descalzos desde que había caído al agua. La ropa era mucho más pesada que la última vez que había intentado nadar, asi que decidí desprenderme de toda, aunque por pudor, tan ridículo en estas condiciones, tomando en cuenta que estaba muy lejos de cualquier cosa, me dejé la ropa interior puesta. Así nadar fue un poco más fácil.
No iban más de cinco minutos cuando ya estaba totalmente exhausto, así que paré para sólo flotar y descansar. En ese preciso momento vi algo en los roqueríos, era una silueta extraña que rompía con las líneas bruscas de las rocas. Pero no lograba distinguir para nada que era, principalmente por la posición del sol que estaba muy acostado sobre el horizonte, justo al otro lado del roquerío.
Eso me dió nuevas fuerzas y comencé a nadar con aun más energía que la vez anterior, sin poder dejar de pensar en que sería lo que estaba en el islote. -¿Y si es un animal peligroso? - me pregunté. La duda me paralizó. Intente afinar la vista al detenerme, estaba mucho más cerca. Incluso tal vez me escucharían, pensé.
Lancé un grito lo más fuerte posible, el cual no fue lo que esperaba, ya que la presión del agua en mi pecho y la sequedad de mi garganta no permitían más. Esperé unos segundos y vi que la silueta se yerguía. Mi corazón saltó de emoción y las lágrimas me saltaron cuando vi que la silueta levantaba los brazos y me hacía señas. - Me salvé - pensé, - si en el roquerío hay alguien debe ser la punta de una isla... no solo un islote.. me salve! Me salve!!
Comencé a nadar desesperadamente, lo más rápido posible. Y mientras más me acercaba más nítida era la forma del cuerpo, podría incluso jurar que era una mujer, por las caderas anchas y los hombros angostos.
El sol terminaba de ponerse cuando ya sólo me quedaban no más de medio kilómetro. Descansé solo un instante y seguí, temiendo perderme en la oscuridad que se aproximaba. Ya casi escuchaba como el agua golpeaba en las rocas y ya distinguía la voz gritar a la distancia de la mujer.
Mi cuerpo entero quemaba y estaba ansioso por dejar de sentir esta sensación de flotar y estar en tierra. Cuando de pronto, una pequeña ola me hizo tomar aire y sumergirme. Caundo emergí busque con terror las rocas con la vista, ya estaba oscuro y veía muy poco, pero escuchaba cada vez más claro su voz.
De un saltó desperté, respirando a grandes bocaradas y me enderece con un horrible dolor de espalda por culpa de las rocas angulosas. - Juré haber escuchado algo- dije, aun confundido. El sol seguía acostado tal como la última vez, y el horizonte igual de triste e inalcanzable que la última vez.
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