jueves, 16 de abril de 2009


La oscuridad viene por los flancos, y la angustia nos tiene cerrada la huída. No es una batalla, es una carnicería. Batalla es la que se lucha, es la que se enfrenta con algo de convicción, al menos la necesaria para arriesgarse a morir. Esto no lo es. Y no es sólo "este" enemigo, es que todo se confabula y nos ataca. El cielo morado del atardecer que nos aplasta y nos ahoga, que nos encierra con sus nubes tibias, y sus brisas venenosas de melancolía. Y la tierra humedecida de sangre, nos succiona como arenas movedizas y nos corta las piernas.

Maldito el día en que quise luchar por esta guerra, maldito el día que besé esta tierra y le juré lealtad a esta bandera, maldito el momento en que el agua de este río refresco mi frente.

Este país no me debe nada, ni yo le debo nada, sólo existe esta conexión incomoda, esta herencia sin sentido, y esta cortesía repugnante que me tiene aquí. Esta tierra, que fue pisada por mis antepasados y por mis padres, no me quiere en ella, esta tierra que ha albergado a hombres que creen en ella, nunca quiso creer en mi. Soy su bastardo, soy su hijo ilegitimo del cual se averguenza, soy su heredero escondido, suplantado por otros que tal vez lo merezcan o no, pero están viviendo de las promesas que esta tierra ofrece. Y yo no. Por eso maldigo este trozo del universo, porque no se donde más estar, y aquí estoy. Por que la odio y la amo. Y eso me hace odiarme a mi mismo.

Esta tierra no es mi tierra. No se si habré nacido en otro reino, o simplemente soy yo el que no reconoce su lugar.

Y si he bebido de su río, me he cobijado en las sombras de sus copas, he trabajado su tierra, he sido un hijo fiel, y estoy peleando su batalla... Hoy, en medio de ella... me arrepiento.

No hay comentarios.: