
Me acercaba lento y sabía que ya me veía,
sabía que ya percibía el halo de mi respiración
y el olor de mi sudor.
De pronto, el leve movimiento
casi invisible, de una de sus orejas,
me dejaron paralizado,
apoyado sólo en tres patas,
aguantando la respiración y con esa sensación horrible,
de que esta también escaparía.
Su cabeza se irguió y miró por sobre mi, como si no existiera
preocupada de las amenzas más lejanas,
sin saber, o sin querer creer,
de que en el fondo yo tenía las mismas intenciones,
deseos y hambre
que los que estaban un centenar de metros más atrás.
Fueron eternos segundos,
hasta que volvió a bajar la guardia
y su cuello fino y terso volvió a inclinarse sobre la hierba tierna.
Por fin pude descansar en la pata que había quedado suspendida
junto con el tiempo y el espacio dentro de mi cabeza.
Di dos pasos más entre la hierba seca que se resquebrajaba
y que me sonaba más fuerte que lo habitual.
Volví a contener la respiración y cuando volví a inspirar
sentí su olor animal amplificado por la desesperación,
que se mezclaba con el aroma de la sangre que imaginaba hace horas.
Ya estaba a distancia, ya estaba en posición, ya estaba separada del grupo,
ella estaba distraida y casi esperando ser atacada.
Dudé.
Y volví a dudar.
Antes de que mi mente pudiera entramar la tercera duda,
mi cuerpo que estaba tensado como un arco, saltó casi sin mi consentimiento,
sentí la fuerte presión en los tendones de mis patas traseras al romper la inercia,
agache la cabeza y di el primer zanco.
Antes de terminar mi salida del silencio,
su cuerpo ya había girado,
y ella no había dudado,
comenzaba a escapar,
sin saber siquiera aun de que,
sólo motivada por ese instinto antiguo que fue forjado en sus genes,
a fuego de miedo y supervivencia.
mis patas se sentian sanas y mi cola más hábil que de costumbre,
balanceandome mientras aceleraba y mi mente dejaba de pensar,
mientras más velocidad ganaba,
más en blanco estaba,
como en un trance de sangre,
en una sed monstruosa y violenta,
ya no sentia nada,
solo fuego en las entrañas.
Ya estabas tan cerca
casi podia tocarte
pero temía de que si me estiraba y no te alcanzaba
no recuparaía el tranco y escaparías.
Esperé.
Cambiabas de dirección intentando desviarme
pero tu zigzagueo solo lograron acercarme
te lei, te leí mientras corrias, y tracé tu ruta mientras escapabas
sabía donde irías
y sabía que te atraparía
Fue como un paso largo
pero mis patas delanteras en vez de tocar suelo
se encontraron con tus ancas
y hundi las uñas en tu carne tierna
flexioné las patas y clavé mis dientes en tu espina
fue una mordida sucia que no tuvo efecto,
pero no te solté.
Perdiste el equilibrio y rodamos sobre la tierra seca y dura
y antes de que pudieras reaccionar
mis mandibulas ya se cerraban sobre tu joven garganta.
Sentía como el aire intentaba hacerse camino hacia tus pulmones
pero mis colmillos se cerraban y no lo conseguía,
tu cuerpo comenzó a retorcerse en espasmos violentos
que me exitaban aun más y me daban fuerzas aun mayores para apretar.
Tus ojos estaban cada vez más abiertos,
se que estabas ahi
escuchando mi jadeo
y oliendo tu propia sangre,
esperando que todo acabara
drogada por la asfixia y la persecución,
tus patas me pegaban los últimos golpes vivos
y me detuve en tus orejas...
que ahora, se veían distintas de más cerca.
Ahora estoy aquí
bañado en tu sangre
y comiendo de tu carne,
sabes que te deseaba a ti,
sabes que de entre todas, te elegí a ti.
Y sabes que de todas las muertes que te podrian haber sido concedidas,
ésta, fue la menos cruel.