viernes, 24 de julio de 2009

Rebote

















Tus palabras son sonidos telúricos
Tu voz resquebrajan mis cimientos
Y cuando escucho, sin importar si entiendo
las réplicas hacen dolbar mis piernas.

No me hables!
No me mires!
Porque con cada gota algo se derrumba
Y el aire se hace fuego y mi cuerpo viento.

Por qué estás de pie, ahi junto al encino?
Por qué simplemente no te secas y desapareces?
Por qué tus pasos de pronto me persiguen?
Por qué tu boca de pronto palpita con el segundero?

Y si la marea sube y trae algo nuevo
La resaca envidiosa hunde sus uñas y me arrasta adentro
Escupo sobre tu espuma
Y desprecio tu esfuerzo.

Porque ya no creo
Porque todo es desierto
Porque el día siempre acaba
Y la luz se paga desde adentro.

jueves, 23 de julio de 2009

Sin aire


Mil bloques
Mil bloques cayendo como fichas
Mil bloques
Mil bloques cayendo acompasados
Uno tras otro
Uno tras otro a ritmo acompasado
Uno tras otro
Uno tras otro marcando vida y pulso
En mi cabeza invaden mil temblores
y mi cuerpo sufre réplicas malditas
En mi cabeza se cuelan explicaciones
y en mi cuerpo sólo el frío y la noche
Una prensa asfixia la carótida
y un martillo se acompasa con los bloques
La carótida se corta y se seca
y el martilllo crece y explosa.
Ni una noche más
Ni un minuto más
Este golpeteo lo va a derrumbar
Ni una noche más
Ni un segundo más
Este ritmo bruto lo va a acabar.
La bestia gime
La bestia y gime y quiere despertar
La bestia está acabada
La angustia pudo más.

lunes, 13 de julio de 2009

Alta mar


Cuando pensé que por fin me ahogaría en esta densa marea púrpura, divisé algo parecido a un roquerío. Estaba lejos, pero no era mar. No era morir, era vivir.

Mis piernas pesaban, mis manos dolian, y mi boca era sal pura, mi cabeza latía mas fuerte que mi corazón y aun tenía mucho miedo, pero al menos estaba ese roquerío que lograba verlo cuando las olas me levantaban, estaba ahí, tal vez a solo un par de kilometros de distancia.

Tomé la determinación de que nadaría, pues llevaba horas, quizás días simplemente flotando, asi que me dispuse a patalear con mis pies que estaban descalzos desde que había caído al agua. La ropa era mucho más pesada que la última vez que había intentado nadar, asi que decidí desprenderme de toda, aunque por pudor, tan ridículo en estas condiciones, tomando en cuenta que estaba muy lejos de cualquier cosa, me dejé la ropa interior puesta. Así nadar fue un poco más fácil.

No iban más de cinco minutos cuando ya estaba totalmente exhausto, así que paré para sólo flotar y descansar. En ese preciso momento vi algo en los roqueríos, era una silueta extraña que rompía con las líneas bruscas de las rocas. Pero no lograba distinguir para nada que era, principalmente por la posición del sol que estaba muy acostado sobre el horizonte, justo al otro lado del roquerío.

Eso me dió nuevas fuerzas y comencé a nadar con aun más energía que la vez anterior, sin poder dejar de pensar en que sería lo que estaba en el islote. -¿Y si es un animal peligroso? - me pregunté. La duda me paralizó. Intente afinar la vista al detenerme, estaba mucho más cerca. Incluso tal vez me escucharían, pensé.

Lancé un grito lo más fuerte posible, el cual no fue lo que esperaba, ya que la presión del agua en mi pecho y la sequedad de mi garganta no permitían más. Esperé unos segundos y vi que la silueta se yerguía. Mi corazón saltó de emoción y las lágrimas me saltaron cuando vi que la silueta levantaba los brazos y me hacía señas. - Me salvé - pensé, - si en el roquerío hay alguien debe ser la punta de una isla... no solo un islote.. me salve! Me salve!!

Comencé a nadar desesperadamente, lo más rápido posible. Y mientras más me acercaba más nítida era la forma del cuerpo, podría incluso jurar que era una mujer, por las caderas anchas y los hombros angostos.

El sol terminaba de ponerse cuando ya sólo me quedaban no más de medio kilómetro. Descansé solo un instante y seguí, temiendo perderme en la oscuridad que se aproximaba. Ya casi escuchaba como el agua golpeaba en las rocas y ya distinguía la voz gritar a la distancia de la mujer.

Mi cuerpo entero quemaba y estaba ansioso por dejar de sentir esta sensación de flotar y estar en tierra. Cuando de pronto, una pequeña ola me hizo tomar aire y sumergirme. Caundo emergí busque con terror las rocas con la vista, ya estaba oscuro y veía muy poco, pero escuchaba cada vez más claro su voz.

De un saltó desperté, respirando a grandes bocaradas y me enderece con un horrible dolor de espalda por culpa de las rocas angulosas. - Juré haber escuchado algo- dije, aun confundido. El sol seguía acostado tal como la última vez, y el horizonte igual de triste e inalcanzable que la última vez.