Erase una tierra... con poca tierra y mucha agua, con un verde que duelen los dientes y los ojos parecen caerse de las orbitas, de árboles bisabuelos, vivos con la fuerza de mil tormentas, erguidos con la sobervia propia de los años inalcanzables, con arena llena de negro, fuego y violencia.
Gran hora mágica, que encuentras a los hombres boquiabiertos, esperándote, en un crepúsculo rojo, donde de pronto todo se detiene, el viento deja de resoplar y el lago cae en un sueño repentino y se detiene en su ir y venir... no se porque, pero ocurre, pasa el milagro, todo deja de repirar por un segundo. Y vuelven todos los millones de años al mismo instante, y se percibe en el aire el nacimiento de todo, el origen de todas las cosas.
Así mismo, como un relámpago, ese pequeño instante desaparece tras un rayo de luz que se posa en las copas más altas. Adios mi paraiso, adios mi sueño doloroso, adios mi "lago como mar".


